Un paseo por el Quijote. 2001

El museo se instaló en un edificio rehabilitado del que se recuperaron dos bóvedas de ladrillo en el semisótano. Son espacios estrechos, bajos y curvos: hostiles a la proyección frontal, sin distancia ni altura, con la bóveda comiéndose cualquier pantalla convencional. En lugar de luchar en contra, la escenografía genera la profundidad que la arquitectura ofrece.

En la primera sala del recorrido, "La primera impresión", el visitante podía entender el proceso de impresión de un libro: una reproducción, a partir de los grabados de la enciclopedia francesa, de los útiles necesarios para imprimirlo, desde los cajones de tipos hasta la prensa, pasando por la encuadernación.

En el segundo espacio encontraba el icónico sillón del Quijote, reproducido de un grabado de Doré; a la derecha, una estantería con libros y, en el suelo, algún volumen arrojado por un arrebato de locura. La primera imagen proyectada sobre un tul era la misma que aparecía sobre el libro recién impreso de la sala anterior. En el momento en que se hablaba de la pérdida del juicio del caballero andante, el muro que cerraba el espacio se convertía en pantalla y, con un juego de proyecciones al fondo, revelaba la explosión del camino hacia la utopía; dos estanterías diseñadas en fuga dirigían la mirada hacia el fondo, donde también se proyectaban las imágenes que acompañaban el relato. Así, la morfología de un espacio tan medido permitía dibujar una fuga hacia el espacio abierto de las aventuras de Don Quijote y Sancho Panza. Los libros esparcidos por el suelo evocaban la huida del caballero andante hacia su mundo.

El museo abrió en abril de 2001 y las dos salas siguen en funcionamiento.

Concepción y diseño: Ignasi Cristià. Producción: Konic Audiovisuals. Fotografías: Ignasi Cristià.