Una instalación audiovisual dentro de un espacio protegido: la pantalla se integra por completo en la arquitectura y establece un relato con el espacio.
La iglesia de San Martín de Tours se consagró en 1179 y se reformó a fondo a mediados del siglo XVI. Su tesoro es la sillería del coro, tallada por Juan Picart entre 1554 y 1556: un bosque de nogal con relieves, misericordias y medallones, cerrado por una reja de forja y coronado por el órgano.
Había que narrar la historia del espacio con una proyección. El problema, evidente desde el primer día: en un templo protegido no se puede añadir nada, y cualquier pantalla fija habría tapado justamente aquello que el templo debía explicar. La solución fue una pantalla abatible, concebida como una instalación artística, suspendida dentro del arco apuntado que abre hacia el coro. En posición alta es la superficie de proyección del audiovisual. Al bajar, se convierte en el techo de la sillería: su reverso reflectante actúa como espejo cenital sobre la talla de Picart. Eso cambia lo que el visitante puede ver. Desde dentro del coro, la sillería solo se lee a trozos y en escorzo —nunca entera y nunca desde arriba, pero reflejada, sí. El dispositivo tiene dos funciones y establece una cadencia durante y después del audiovisual: cuenta un relato y muestra el mobiliario desde un punto de vista que sin él sería imposible.
Veintisiete años después sigue en uso. La instalación se modernizó por completo —nueva producción audiovisual, sonido, iluminación, control digital— y la pantalla se mantuvo. Es el único elemento original que continúa en funcionamiento.
Concepción y diseño: Ignasi Cristià. Producción: Konic Audiovisuals. Fotografías: Konic Audiovisuals.