Recuerdos de una vida. 1999-2000

Una casa que, a parte de ser creíble, tenía que esta viva. 

La exposición recorría cien años de historia de Castilla-La Mancha en tres espacios, e itineró por Ciudad Real, Albacete y Toledo. El primero, "Recuerdos de una vida", contaba el siglo XX —de principios de siglo a la Transición— por la voz de una mujer mayor. El público entraba en un espacio que evocaba lo que para cualquiera podría ser la casa de alguien conocido, documentada y recreada a partir de la arquitectura rural manchega. Una voz empezaba a contar su historia y, de pronto, la casa cobraba vida: el tul que separaba al público de la estancia más íntima se volvía transparente y, a medida que el verbo se desplegaba, el espacio iba cambiando de ambiente —invierno, verano, la guerra, la fiesta mayor. En un rincón del fondo, un paño de pared que parecía encalado se abría y, con un juego de espejos, mostraba la casa del señor del pueblo donde la protagonista trabajaba de sirvienta. Por la ventana de la cocina se oían los fuegos artificiales de la fiesta de verano. En el momento en que se hablaba de la precariedad del campo, de los nietos que se habían marchado o de la llegada de la democracia, distintos elementos que parecían una cosa se transformaban en otra: la puerta de madera del fondo se convertía en una pantalla donde aparecían imágenes y documentos de la época; un muro se convertía en una puerta a otro espacio. Solo con la voz, la luz y la proyección, la casa mostraba su alma y la historia de cualquier mujer manchega, que podía ser la madre o la abuela de los visitantes.

Concepción y diseño del espacio audiovisual "Recuerdos de una vida": Ignasi Cristià. Producción: GPD General de Producciones y Diseño. Realización: Konic Audiovisuals. Fotografías: Pep Botey.